Re-Play de Prince of Persia: las dos torres

Corría el año 2005 y Ubisoft nos sorprendía con una nueva entrega de las aventuras del Príncipe de Persia.

El juego comenzaba siguiendo el hilo del final secreto del anterior juego (Warrior Within), no del final normal. Así que era normal que algunos no entendiéramos nada.
Veíamos al Príncipe llegar a su Babilonia junto con Kaileena (La Emperatriz del Tiempo) luego de haberse enfrentado al Dahaka en la Isla del Tiempo. Pero había vuelto al pedo, ya que Babilonia se encontraba bajo el poder del Visir, quien ordena atacar el barco del príncipe, haciendo que Kaileena sea secuestrada.

A partir de ahí, comienza la cruzada del Príncipe para recuperar a Kaileena y eliminar al Visir, quien tenía un ejército de soldados de arena a su merced.

De entrada nos dábamos cuenta algunos cambios que había tenido este juego respecto del anterior, ya que ahora volvía la daga obligatoria en una mano, como la tuvo el primer POP de esta nueva saga. Esto se debía a que solo con esa daga podía ejecutarse a los soldados y demás espectros de arena.
Otra de las novedades era la implementación del sigilo, lo que nos hacía pasar zonas enteras sin tener que llevar a cabo un enfrentamiento abierto. Eso sí, las ejecuciones con sigilo no eran nada fáciles, ya que teniamos que confiar en nuestra suerte porque debíamos tocar el botón cuando brillara una luz. Si le errábamos se pudría todo y había que bancarse de a 4 o 5 enemigos a la vez.

O no. Porque si uno se equivocaba, podía hacer uso de las Arenas del Tiempo y volver unos instantes atrás, para hacer bien lo que ya habíamos fallado.
Además, había etapas donde manejábamos cuadrigas, en carreras a toda velocidad donde teníamos que preocuparnos por el camino, sino por los enemigos durante todo el trayecto.

Pero lo que verdaderamente nos volvía locos, era la posibilidad de poder usar el álter ego de Dastan: El Príncipe Oscuro. Al ser infectado por las arenas, en ciertos momentos el Príncipe no podía evitar su transformación en un espectro de arena, pasando a ser más rápido y fuerte. Pero esto tenía una limitación: la vida disminuía al estar transformado, y solo se regeneraba al absorber arena, por lo que estos momentos eran de los más frenéticos del juego.

Fue un gran juego. No tanto como el Warrior Within, pero un gran juego al fin (para mí). Creo que esta trilogía fue lo mejor del POP de la gen del ps2, ya que los que vinieron para PS3 no estuvieron a la altura. Tan así fue esto, que su última entrega, The Forgotten Sands, ya se había vuelto más un Hack N' Slash que otra cosa.
Estaría bueno que alguna vez retomen esta saga porque POP tiene mucho más para ofrecer. Después de todo, para quienes lo hayan jugado, verán que se nota mucho que es el precursor de los Assassin's Creed.